@AndyHansenOk
Boca ha escrito parte de su mejor historia por la vía de los penales: en los últimos doce años disputó dieciseis definiciones y se impuso en trece de ellas.

Como si se tratase de una fórmula secreta, Boca construye parte de su historia desde los doce pasos. La definición en la Copa Argentina frente a Deportivo Merlo, con la gran ejecución de Juan Román Riquelme y la enorme capacidad de Sebastián Sosa para intuír a los rivales, son un nuevo capítulo en el manual de éxitos xeneizes desde los tiros del punto de penal. Mientras muchos sostienen que esto es "culo" y otros opinan que la suerte no es la responsable de todo, Boca se erige como un auténtico especialista en la materia. Copa Libertadores, Sudamericana, Europeo-Sudamericana, amistosos, finales, octavos de final, cuartos... no importa la instancia: el conjunto xeneize ha demostrado, en los últimos doce años, que sabe de qué se trata esta historia y somete a sus rivales con ese método. Ha tenido que resolver su destino en dieciseis definiciones oficiales por penales y en trece de ellas logró su objetivo.

"El único que puede estudiar y mirar es el arquero. Porque se repite el que patea. Después, yo no creo que se puedan trabajar mucho. Vos podés patear toda la semana, sin gente, sin presión, y hasta el arco te parece más grande." Las palabras de Juan Román Riquelme resultan un disparador que invita a pensar que el secreto de los recientes éxitos Xeneizes en tandas de penales radica en la impronta y el carácter del conjunto.
Son varios los futbolistas que han demostrado su capacidad para este asunto. Oscar Córdoba fue clave en la conquista de la Copa Libertadores 2000, cuando ante Palmeiras le atajó los penales a Asprilla y a Roque Junior, para que luego Jorge Bermúndez sellara la coronación. Nada fue casual en esa Libertadores, porque Carlos Bianchi y su cuerpo técnico estudiaban a los rivales que ejecutaban los penales. Incluso, en aquella final en el Morumbí, Carlos Ischia, ayudante de campo, se colocó detrás del arco, machete en mano, y le indicó a Córdoba hacia dónde tirarse, según el pateador. Tan planificado estaba todo que en 2001, ante Cruz Azul, en la Bombonera, cuando Boca venció por 3-1 en esta definición, Bianchi envió a uno de sus utileros para evitar perder a uno de sus colaboradores, si el árbitro advertía que uno de ellos estaba dando instrucciones y decidía sancionarlo.

También con Roberto Abbondanzieri demostró que tenía muy estudiado cómo imponerse cuando tenía delante a sus rivales. Se quedó con 27 penales, 24 por juegos oficiales y 3 por encuentros amistosos. Fue determinante en diez tandas de Copa Libertadores, en seis de Sudamericana, en seis por el torneo local y dos en la Europeo-Sudamericana. Quizás en esta última definición se recuerde cuando Abbondanzieri contuvo los penales de Pirlo y Costacurta y después Cascini superó a Dida, para llevar a Boca a lo más alto del planeta. Y también fue determinante cuando en la Copa Sudamericana 2005, ante Pumas, de México, el Pato les atajó los disparos a Augusto y a Beltrán, y después se hizo cargo de la última ejecución: le prendió fuego el arco a Bernal.

Para Boca siempre ha sido un motivo de alegría resolver sus pleitos desde el punto del penal. Es que mientras muchos hoy señalan a Matías Almeyda por darles la responsabilidad a juveniles como Luis Vila, en la definición ante Racing, por la Copa Argentina, rápidamente se dispara la definición en el Monumental, por la Copa Libertadores de 2004. En esa oportunidad, Bianchi mandó a patear a Ledesma y a Pablo Álvarez, dos pibes del club, y Boca dejó en el camino a River, en su cancha, en aquel partido sin público visitante.
"El penal hay que patearlo, después hablamos si fue bien o mal pateado. Es fácil opinar sentado frente a la TV, pero es muy difícil ir caminando solito al arco, se te pasan muchas cosas por la cabeza. Muchos jugadores hablan mucho y después no se animan, o se hacen los boludos, y agachan la cabeza cuando preguntan quién patea. No es tan fácil." Las reflexiones de Riquelme marcan el pulso de lo que implica para cada futbolista esta situación que ofrece el juego.
Si bien Boca ha demostrado una enorme pericia en esta historia de los penales, también sufrió algunos traspiés en definiciones por torneos internacionales. En 2004 tuvo dos golpes en ese sentido, porque cayó ante Once Caldas, en la final de la Libertadores, a pesar de los esfuerzos de Abbondanzieri cuando atajó los disparos de Valentierra y Ortigón: después, sus compañeros fallaron en todas las opciones. También en la Recopa, ante Cienciano, cayó por 4-2, y Tevez y Vargas no pudieron convertir en sus turnos. La última caída fue en la Sudamericana, frente a Nacional, en 2006, con Ricardo La Volpe como DT, por los octavos de final (1-3).

Ahora parece que continúa con la misma fórmula y en la Copa Argentina demuestra que tiene hombres preparados para ello. Sebastián Sosa, con sus atajadas ante Olimpo (a Rolle en dos oportunidades) y ante Merlo (Friedrich), dejó su sello. "Cada vez que sé que voy a atajar, me gusta estudiar a los ejecutores. Busco por YouTube para tratar de ver penales que patearon anteriormente ¿Si a Toledo [de Rosario Central] lo tenía visto? La verdad es que no, para nada. Pero también está la intuición, cómo se perfilan a la hora de patear", confesó el arquero uruguayo.
Así, Boca enriquece su historia. Escribe capítulos cargados de gloria. Anoche, en la cena de Unicef, Riquelme y Julio Falcioni, hablando del tema, mezclaron el azar con la categoría de un grupo para asumir semejante responsabilidad. El conjunto xeneize es un especialista y aniquila los mitos.
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