Héctor Andrés Bracamonte es un futbolista argentino nacido en la ciudad cordobesa de Río Cuarto el día 16 de febrero de 1978. Hizo las inferiores en Estudiantes de Río Cuarto, debutó en primera en Boca, pasó luego por Los Andes, fue transferido al Badajoz de España y volvió a Boca para jugar a ordenes del Maestro Tabarez y conseguir popularidad en la Argentina. Luego fue transferido al FC Moscu, y como pasa con todos los que se van a jugar a Rusia, paulatinamente dejamos de saber de él. Antes del comienzo de la nueva temporada fichó con el FC Rostov. A continuación vivencias y experiencias de Hector Bracamonte:
“Firmé para el FC Rostov, en Rostov del Don, una pintoresca ciudad ubicada cerca del mar, sobre el rio Don. Vine acá porque está como presidente quien me trajo en el 2003 al FC Moscow, Yuri Belous, y me pidió ayuda: el club está en zona de promoción y la situación no es cómoda. Hay otros cinco jugadores que ya habían jugado conmigo antes, y también eso ayudó en mi decisión. El Terek, mi club anterior, me quería retener, pero la forma de negociar no fue la indicada, así que enseguida decidí irme por menos dinero.”
“La pasada temporada jugué en el Terek, el equipo de la capital chechena, Grozny. Me conecté con el pueblo y la política chechena. Era como un ministerio más. El presidente del club es también el presidente de la República -Ramzan Kadirov-, y los dos vicepresidentes son el ministro de Deportes y el vicepremier. Era la ventana hacia Rusia y el honor de la República. La responsabilidad del equipo no sólo es deportiva. En Terek jugaba en un estadio nuevo, para 35.000 personas. Maradona y otras figuras (Francescoli, Ayala, Dida, Zamorano, Vieri, Figo) vinieron a inaugurarlo. Vivía y entrenaba en Kislovodsk, un pueblo que está a 500 kilómetros de Grozny, ciudad muy parecida a Merlo (San Luis), al pie de una montaña, con aire y agua puro y una vida muy pacífica. Muy lindo... Para los viejos, ja ja ja.”
“Sigo bien acompañado con mis tres mujeres (Fernanda, Juliana e Isabella) y algunos familiares que nos visitan. En general, estoy haciendo una vida mucho más sedentaria y tranquila. El pueblo checheno en sí ha sido muy humilde y apacible. A pesar de la historia bélica que traen encima, a nosotros nos trataron de maravilla. Aunque no podíamos salir mucho, porque son muy fanáticos y a veces se ponen pesados con las fotos o los autógrafos. La ciudad estaba súper controlada: hay un militar armado cada cien metros y controles constantes de autos y bolsos. Si bien la guerra terminó, la zona del Cáucaso sigue en conflicto contra terroristas, y hay miedo en la gente. Sobre todo de que se repita la historia que aquí ya se vio: una ciudad totalmente destruida y miles de muertos.”
“En Terek fui jugador-entrenador sólo por tres partidos, ya que echaron a Ruud Gullit por malos resultados y teníamos que salir de las últimas posiciones. Hicimos una dupla con un entrenador checheno. Yo no tenía la autoridad como para poner o sacar jugadores (aunque me puse a mí mismo). Entonces todo fue hablado entre todos, y sacamos adelante cuatro partidos geniales, sin recibir goles. ¡Así que mal no me fue! Me despedí invicto.”
“De las anécdotas de Chechenia, la mejor ocurrió cuando casi mato al presidente en mi primer “día loco” en Chechenia. Íbamos en el auto, él al volante y yo de acompañante. Además, venía con nosotros un tipo de seguridad. En un momento, me dio algo para que tuviera en mis manos. Era dorado, con brillantes y piedras incrustadas: una metralleta. En mi vida había tocado un arma, y estoy en contra de ellas. Así que lo único que hice fue meter el dedo en el gatillo y, sin querer, estaba apuntando al presidente. El de seguridad me bajó la punta y me dijo: “no le apuntes al presidente”; y yo le respondí: “¿es de verdad, tira tiros?”. Kadirov sacó el cargador, me mostró las balas y me dijo: “claro”, y sonrió. Entonces le dije: “¿te reís? Casi te mato… ¿Quién me iba a pagar el sueldo si te mataba?”. Y ahí se empezó a reír todavía más.”
“Kadirov tiene 34 años y es un caso de película. Multimillonario excéntrico, como todos los nuevos millonarios rusos, tiene un zoo propio, el caballo más caro del mundo, aviones y todos los autos de lujos que se les ocurran. Amante del fútbol y los deportes, hizo un partido para que jueguen sus amigos contra Brasil campeón 2002 (Cafú, Bebeto, Romario, Rai, Dunga, Denilson), y en su equipo jugaron Gullit y Lothar Matthäus. Hacía fiestas y traía artistas desde Moscú para que nos canten. De pronto, aparecía por el entrenamiento y armábamos un picado para que él jugara. Yo lo cagaba a patadas, y todos me pedían que lo tratase con más respeto.”
“En fin, sigo por estas tierras. Aparte, en la Argentina no me quiere nadie, ja. Esperé hasta último momento a que se definieran algunos clubes (Banfield, por ejemplo), pero al final las ofertas se esfumaron. La vuelta esperará un año más, o dos, no lo sé… Acá me respetan mucho, y eso hace que a la hora de definir me incline por Rusia, más allá de los dólares, que sin duda hacen bastante fuerza, no voy a mentir.”



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