Por: Santiago Cabbad
Repitiendo la regularidad defensiva de otros partidos y combinándola con la movilidad arriba, Boca sigue a seis del segundo. ¿Alguien lo puede parar?
La clave, como decíamos, es la organización y las claras instrucciones que tiene cada hombre en el plantel. Es un gran acierto del técnico organizar el equipo para que no sufra cuando lo atacan, basándose en un método defensivo ordenado y que llega a contar con siete hombres de a ratos. Liderada por un imperecedero Schiavi, la defensa es el bastión que no supo ser en años anteriores, cuando cada centro era un suplicio para la zaga. Esto también es mérito de Orión, en un momento de selección, un arquero con seguridades que hace rato no se ve en el xeneize.
En el medio también se ve este orden pragmático que potencia las individualidades. Somoza se para bien de cinco, con función primordial de cortar y organizar, pero de a momentos con oportunidades de sumarse a ataques desde atrás. Su socio en esta tarea de organización retrasada es Erviti, en una versión más sacrificada que en Banfield, que desde su costado lanza a menudo los ataques, como se vio en el primer gol. Y Rivero duplica este sacrificio por el otro costado, generando una medular de tres batalladora y solidaria, pero sin olvidarse de apoyar a los de arriba.
Justamente, es delante de la mitad de la cancha donde se ve el tercer bloque de este líder. Ante la necesidad de cambio de sus tres hombres fijos hasta la fecha (Riquelme, Viatri y Cvitanich), Falcioni optó por juntar a Chávez como organizador, Mouche libre, rotando por el frente de ataque y Blandi como centrodelantero para empujarla, pero también con la obligación a veces de salir del área para pivotear e introducirse en el circuito de juego. La apuesta le salió excelente al entrenador, ya que los tres se entendieron de maravillas, y crearon muchos espacios y situaciones entre el doble cinco sabalero y su última línea, que nunca le tomó la mano al juego de movilidad de los atacantes boquenses.
En fin, esa es la apuesta de Boca. Orden desde atrás, sin regalar nada en el medio y con tres desequilibrantes arriba, tres hombres de movilidad y picardía que quiebren la estaticidad del resto del equipo sin dejar de potenciarlo. Esta química es la que supo combinar a la perfección Falcioni, y que hasta ahora le está dando un éxito impensado hace seis meses. Este Boca es el fruto de su esfuerzo cada noventa minutos, pero también del trabajo diario y semanal, de la pretemporada y de tantas cosas más. Ya está a seis puntos cuando quedan poco más de 20 por jugar. Boca es líder y cómodo, y ahora es cuando todos se preguntan, ¿quién lo va a parar?
Repitiendo la regularidad defensiva de otros partidos y combinándola con la movilidad arriba, Boca sigue a seis del segundo. ¿Alguien lo puede parar?

Sí, volvió a ganar Boca, esta vez en Santa Fe, en el "cementerio de los elefantes". Sigue estirando una racha de invictos que parece imposible de cortar de a ratos y apilando minutos sin recibir goles, el denominador común en otras campañas no tan lejanas. Boca ahora es un equipo ordenado, metódico, en el que cada uno conoce su rol y lo sigue a la perfección. Una línea de cuatro en el fondo bien sólida, tres mediocampistas más bien avocados a la marca y tres jugadores más sueltos, creativos, dañinos. Así se divide el equipo de Falcioni a grandes trazos, y es una táctica que funciona muy bien.
La clave, como decíamos, es la organización y las claras instrucciones que tiene cada hombre en el plantel. Es un gran acierto del técnico organizar el equipo para que no sufra cuando lo atacan, basándose en un método defensivo ordenado y que llega a contar con siete hombres de a ratos. Liderada por un imperecedero Schiavi, la defensa es el bastión que no supo ser en años anteriores, cuando cada centro era un suplicio para la zaga. Esto también es mérito de Orión, en un momento de selección, un arquero con seguridades que hace rato no se ve en el xeneize.
En el medio también se ve este orden pragmático que potencia las individualidades. Somoza se para bien de cinco, con función primordial de cortar y organizar, pero de a momentos con oportunidades de sumarse a ataques desde atrás. Su socio en esta tarea de organización retrasada es Erviti, en una versión más sacrificada que en Banfield, que desde su costado lanza a menudo los ataques, como se vio en el primer gol. Y Rivero duplica este sacrificio por el otro costado, generando una medular de tres batalladora y solidaria, pero sin olvidarse de apoyar a los de arriba.
Justamente, es delante de la mitad de la cancha donde se ve el tercer bloque de este líder. Ante la necesidad de cambio de sus tres hombres fijos hasta la fecha (Riquelme, Viatri y Cvitanich), Falcioni optó por juntar a Chávez como organizador, Mouche libre, rotando por el frente de ataque y Blandi como centrodelantero para empujarla, pero también con la obligación a veces de salir del área para pivotear e introducirse en el circuito de juego. La apuesta le salió excelente al entrenador, ya que los tres se entendieron de maravillas, y crearon muchos espacios y situaciones entre el doble cinco sabalero y su última línea, que nunca le tomó la mano al juego de movilidad de los atacantes boquenses.
En fin, esa es la apuesta de Boca. Orden desde atrás, sin regalar nada en el medio y con tres desequilibrantes arriba, tres hombres de movilidad y picardía que quiebren la estaticidad del resto del equipo sin dejar de potenciarlo. Esta química es la que supo combinar a la perfección Falcioni, y que hasta ahora le está dando un éxito impensado hace seis meses. Este Boca es el fruto de su esfuerzo cada noventa minutos, pero también del trabajo diario y semanal, de la pretemporada y de tantas cosas más. Ya está a seis puntos cuando quedan poco más de 20 por jugar. Boca es líder y cómodo, y ahora es cuando todos se preguntan, ¿quién lo va a parar?



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