lunes, 17 de octubre de 2011

Boca deja de centrar su preocupación en el torneo apertura (en el cual es puntero y con buena diferencia) y  fija su atención en las lesiones que lo azotan: Riquelme y Viatri no pudieron terminar el partido.
 
 
El conductor ya está acostumbrado a convivir con dolores en las rodillas, tobillos y talones, pero lo del delantero resulta mucho más grave: Lucas Viatri sufrió la rotura del ligamento cruzado anterior de la rodilla izquierda al pisar mal, sobre el final del primer tiempo del partido y deberá soportar un mínimo de seis meses de inactividad. La gravedad de la lesión del artillero resultó previsible desde el primer instante, pero fue confirmada tras los estudios que le practicaron durante la noche en el Sanatorio Rossi.
Esas bajas, por sí solas, disminuyeron considerablemente el poderío de Boca, que los extrañó aún más porque sus reemplazantes, Gracián y Blandi, desentonaron y no se subieron a la embestida del resto del equipo para romper la dura muralla de Belgrano. 
El conjunto cordobés, que fue recibido en la Bombonera con simpatía por haber provocado el descenso de River, se mostró áspero como cada vez que sale de Córdoba, fiel a su filosofía basada en que lo que no neutraliza con sus planteos conservadores y compactos, trata de remediarlo con foules e interrupciones, es un conjunto que prefiere pasar por equipo que juega en el filo del reglamento antes que por blando. Anoche consiguió su objetivo, el empate. Olave demoró desde el primer saque de arco, cuando apenas iban cinco minutos, y terminó estirándose a un lado y otro para desviar los remates de Riquelme, Cvitanich, Chávez y Blandi. 
 
 
Enfrente un Boca que no fue muy diferente al que encadenó varios triunfos por mínimas diferencias. Si esta vez no ganó fue porque desperdició las chances que tuvo. A eso hay que sumarle un problema recurrente: cuando no aparece Riquelme ni lo escolta Erviti, el circuito de juego de Boca se empobrece mucho, se reduce a los pelotazos de los zagueros o alguna corrida de Rivero y Cvitanich sin mucho criterio. Lo que también se repite es la solvencia defensiva de Boca. Los rivales no lo inquietan, ni le ven de cerca la cara a Orión. Como tantos otros, Belgrano ni se le animó, sobre todo en el segundo período, cuando recién remató al arco a los 26 minutos mediante un intrascendente remate del “Picante” Pereyra.
Al encuentro le sobraron cortes y le faltó continuidad. Cuando se Boca decidió por ganar el partido ya no tenía en cancha ni a Riquelme ni a Viatri. Gracián entró con la misma languidez que siempre mostró en Boca, y a Blandi le pesó la responsabilidad de ser el hombre de área y finalizador de las jugadas. Todas las chances desperdiciadas no son tan lamentadas por Boca, como los seguidores en las posiciones se estancan y no lo acosan, el Xeneiza no lamentó tanto el empate. Más le dolió el parte de lesionados. 

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