Arjen Robben volvió a estropear su imagen de crack. El
destino se ha vuelto a encaprichar con él, o ha sido él quien ha vuelto a
encapricharse consigo mismo. En la final de la Champions League tuvo la
posibilidad de ser héroe, pero volvió a ser villano. Parece ser el traje que
mejor le sienta. Un traje que también se había calzado en el último Mundial de
Sudáfrica y en la Champions de 2007.
En el Allianz Arena, el crack holandés dejó en claro que lo suyo no es quedar
inmortalizado en la gloria. Más allá de su pobre partido contra el Chelsea, el
extremo del Bayern Múnich falló en un momento decisivo. Si en el Soccer City de
Johannesburgo perdió dos jugadas que hubieran valido el título a su selección,
el sábado volvió a ser víctima de la presión que imprimía el contexto.
Esta vez no estaba Iker Casillas para frustrarlo. Pese a sus 28 años, Robben se
mostró una vez más endeble ante el escenario. En casa, ante una multitud, falló
el penal de la prórroga que dio vida al Chelsea y agrandó al conjunto inglés. De
esta manera dejó a sus hinchas con el
grito atragantado, al igual que lo había hecho en la cita sudafricana de 2010.
Tras la detención del penal por parte de Peter Cech a los cuatro minutos del
tiempo extra, el extremo desapareció definitivamente del terreno. Pese a seguir
teniendo contacto con el balón, equivocó una y otra vez el camino. Los nervios
jugaron en su contra y ya no volvió a ser peligroso. Tanto es así, que el
entrenador Jupp Heynckes ni siquiera lo designó para lanzar en la definición de
las penas máximas.
Aquello de 'borrarse' también le había sucedido hacía pocas semanas, contra el
Borussia Dortmund en un partido fundamental por la lucha de la Bundesliga. El
Bayern Múnich se hundía y caía ante el campeón de Alemania. Lewandowski marcaba
para el equipo amarillo, y luego Robben no pudo empatar ni desde el punto del
penal ni desde corta distancia.
Por si fuera poco, Robben también había errado un penal en semifinales de
Champions League 2007. Casualmente jugaba para el conjunto de Londres, y en
aquella instancia enfrentaba al Liverpool, a la postre subcampeón contra el
Milan. Tras un 1-1 global, Robben y Geremi no pudieron convertir sus
ejecuciones y los Blues se quedaban en las puertas de la final.
El resultado del sábado por la noche es conocido. Chelsea campeón de Europa y
otra vez se repetía la imagen de hacía dos años: un Robben entre lágrimas y tan
decepcionado como aquella noche de julio en el Soccer City.









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