domingo, 20 de mayo de 2012


@AndyHansenOk   
Arjen Robben volvió a estropear su imagen de crack. El destino se ha vuelto a encaprichar con él, o ha sido él quien ha vuelto a encapricharse consigo mismo. En la final de la Champions League tuvo la posibilidad de ser héroe, pero volvió a ser villano. Parece ser el traje que mejor le sienta. Un traje que también se había calzado en el último Mundial de Sudáfrica y en la Champions de 2007. 

En el Allianz Arena, el crack holandés dejó en claro que lo suyo no es quedar inmortalizado en la gloria. Más allá de su pobre partido contra el Chelsea, el extremo del Bayern Múnich falló en un momento decisivo. Si en el Soccer City de Johannesburgo perdió dos jugadas que hubieran valido el título a su selección, el sábado volvió a ser víctima de la presión que imprimía el contexto. 


Esta vez no estaba Iker Casillas para frustrarlo. Pese a sus 28 años, Robben se mostró una vez más endeble ante el escenario. En casa, ante una multitud, falló el penal de la prórroga que dio vida al Chelsea y agrandó al conjunto inglés. De esta manera dejó a sus  hinchas con el grito atragantado, al igual que lo había hecho en la cita sudafricana de 2010. 


Tras la detención del penal por parte de Peter Cech a los cuatro minutos del tiempo extra, el extremo desapareció definitivamente del terreno. Pese a seguir teniendo contacto con el balón, equivocó una y otra vez el camino. Los nervios jugaron en su contra y ya no volvió a ser peligroso. Tanto es así, que el entrenador Jupp Heynckes ni siquiera lo designó para lanzar en la definición de las penas máximas. 


Aquello de 'borrarse' también le había sucedido hacía pocas semanas, contra el Borussia Dortmund en un partido fundamental por la lucha de la Bundesliga. El Bayern Múnich se hundía y caía ante el campeón de Alemania. Lewandowski marcaba para el equipo amarillo, y luego Robben no pudo empatar ni desde el punto del penal ni desde corta distancia. 


Por si fuera poco, Robben también había errado un penal en semifinales de Champions League 2007. Casualmente jugaba para el conjunto de Londres, y en aquella instancia enfrentaba al Liverpool, a la postre subcampeón contra el Milan. Tras un 1-1 global, Robben y Geremi no pudieron convertir sus ejecuciones y los Blues se quedaban en las puertas de la final. 


El resultado del sábado por la noche es conocido. Chelsea campeón de Europa y otra vez se repetía la imagen de hacía dos años: un Robben entre lágrimas y tan decepcionado como aquella noche de julio en el Soccer City.

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